20/09/2017

Cada donación es importante, Tara necesita a todos


“Con agnès b. hemos fundado Tara y costeado su actividad durante los primeros años. Los dos, hemos asumido los costos de operación de la Fundación. Significa que estamos cubriendo la mayor  parte de los gastos de funcionamiento del equipo en tierra y de la tripulación del barco. Las donaciones, grandes y pequeñas, que nos brindan los donantes, financian directamente las misiones de la Fundación Tara.  

Desde el nacimiento de Tara, Agnès y yo quisimos que el proyecto sea de todos. Queremos que este proyecto se inscriba en la perspectiva de las décadas por venir. Es por eso que hemos deseado que Tara, que era un fondo de dotación, se transforme en una fundación de utilidad pública, la 1era. en Francia dedicada al Océano. Y es por eso que hemos hecho donación de la goleta a la Fundación.
Hoy, los desafíos medioambientales son más que preocupantes. No sabemos cuál será la evolución del Océano, de su biodiversidad, de sus recursos. No sabemos cómo los habitantes de este planeta se van a adaptar a esos cambios. 

Sobre el Océano, no sabemos nada, o casi nada. Sin embargo el Océano está en el corazón de la maquina climática. Cuando surgen cambios tan drásticos, tan brutales, se hace urgente entender. En la Fundación Tara queremos seguir desarrollando la ciencia del océano. Una ciencia abierta, innovadora, inédita, que nos permita entender este ecosistema, el único ecosistema continúo del planeta.

Hoy en día, contribuimos a una ciencia para gobernar, para predecir y anticipar mejor los riesgos climáticos; Una ciencia para sensibilizar y educar las nuevas generaciones; Una ciencia compartida, que pueda beneficiar a todos los países, del norte al sur del planeta.

Para realizar eso, requerimos de la ayuda de todos: las empresas asociadas, las instituciones, y  también el público en general. Con sus donativos, nos permitirán alcanzar a todos los públicos. Cada donativo es importante, nos permite avanzar. Cada donativo es una gota preciosa para el Océano.”

Etienne Bourgeois, co-fundador, junto a la diseñadora agnès b., de la Fundación Tara Expéditions.

 Para apoyar a Tara, dono

18/09/2017

Chesterfield, la joya guardada


Estamos a punto de dejar las islas Chesterfield y enrumbar hacia Nouméa. Disfrutamos de los últimos momentos en la biodiversidad excepcional de este archipiélago francés. El primer balance de la observación de nuestros 3 spots de muestreo es muy positivo.

Christian Voolstra (KAUST) y el equipo científico concuerdan: “Estamos en un santuario. No hemos observado blanqueamiento pasado o en curso. Este ecosistema coralino goza de la salud de sus primeros días. Es la primera vez que veo eso. Las Chesterfield son una fuente de esperanza para el futuro. Sin embargo, estamos en la misma latitud que los arrecifes ya dañados de la Gran Barrera y de Nueva Caledonia. Nos urge entender por qué aquí,  el ecosistema se encuentra en tan buena  condición”.

Pese a la broca de taladro que no exigió 5 sumersiones por haberse atorrada en el coral por varias horas, hemos cumplido el programa integral de muestreo: biodiversidad, extracción de corazón de coral, recolección, todos elementos que permitirán caracterizar este spot.

Nos rodea una fauna abundante. Subacuática: atunes, bonitos, acantúridos (peces-cirujano), escáridos (Scaridae), meros, balistes, tiburones de punta negra y silver tip; En tierra: tortugas verdes en pleno periodo de reproducción; En los aires: cohortes de aves, alcatraces (Sulidae), gaviotas (Laridae), fragatas, pardelas.

A pesar de los desechos plásticos encontrados, toda la tripulación deja las Chesterfield, reserva del parque marino del Mar de Coral, con la sensación intensa de haber conocido una joya, todavía libre de los estragos del antropeceno.
 Vincent Hilaire.

13/09/2017

Islas Chesterfield



Después de 500 millas contra el viento, Tara ancla este 13 de septiembre en el archipiélago francés de Chesterfield, a unas 300 millas al noroeste de Nueva Caledonia. La vista de la isla Reynard nos alivia después de una navegación exigente de 4 días. Nadie ha dormido lo suficiente y todos aspiran a un poco de calma.

“Se parece a Clipperton”, opina François Aurat, cumpleañero de la semana. Una nube de aves, alcatraces y fragatas, batalla con vientos de 20 nudos arriba del verdor de la vegetación. Después de un primer intento frustrado de anclaje sobre fondos arenosos de unos 10 metros, Simon busca una posición mejor protegida por el arrecife, más al sur de este archipiélago de 120 km de largo y 70 de ancho, compuesto por 11 islotes separados por barreras de coral.

Su nombre le fue dado por Matthew Boyd, capitán inglés, quien exploraba el Mar de Coral en 1790 y casi naufraga en los arrecifes, el 2 de junio 1793. Usado por los balleneros, el archipiélago pasa bajo dominio francés el  15 de junio 1878. Las islas son luego abandonadas, hasta que, en 1939, el  comandante del “Dumont d’Urville”, buque militar francés, erija en Chesterfield una placa oficial. Las islas son ahora parte del territorio de Nueva Caledonia y del parque marino del Mar de Coral, el área marina protegida francesa de mayor extensión.

La laguna de Chesterfield cubre 3500km2, rodeada por una barrera de coral con múltiples pasos, salvo en sus costado este. La mayor parte de la laguna, de una profundidad promedia de 51 metros,  está expuesta a los alisios y al oleaje oceánico del sureste. 
Aisladas, las Chesterfield albergan una biodiversidad marina excepcional. Numerosas tortugas verdes ponen sus huevos todo el año, mientras abundan los tiburones fuera de la barrera, sobre fondos de varios cientos de metros de profundidad. El equipo científico de Tara ya está en sumersión, con un cargado programa de 3 lugares de muestreo a estudiar antes del viernes.

Vincent Hilaire

11/09/2017

Los contrastes de la Gran Barrera de Coral


Los lugares de muestreo (“spots”) que hemos estudiado en la Gran Barrera de Coral arrojan un primer balance contrastado. Heron Island es un paraíso terrestre y subacuático de biodiversidad. Pero a 300 km de distancia, Paul Reef y UN Reefs se encuentran en una condición muy diferente.

“Estamos muy satisfechos. Tara es totalmente operacional. Cada vez, hemos podido observar lo que veníamos a estudiar. Aunque sea poca cosa a veces, cuando el arrecife se ha vuelto pobre. Es la meta de Tara Pacific, poder comparar las situaciones”, nos confía Christian Voolstra, jefe científico hasta  Nouméa.

A parte de algunas plagas sobre los pólipos, el arrecife de Heron Island goza de buena salud. No se ve rastro de blanqueamiento pasado o reciente.
Un día de navegación más tarde, las aguas turquesas de Paul Reef aguardan un sorpresivo contraste.
“No hay vida debajo de la superficie. La mayor parte de las colonias está muerta. Por ende, no hay peces. Vemos aquí el resultado de un largo proceso”.

En UN Reefs, la situación es otra.  A 6 metros de profundidad en aguas de una transparencia excepcional, con fuertes corrientes, descubrimos una situación intermedia. Colonias en buena condición colindan con campos de corales muertos. Campos que no son la consecuencia de un blanqueamiento reciente, sino de un proceso antiguo.
“Estamos ahora al sur del arrecife más grande del mundo. Las destrucciones no son del mismo tamaño que en el norte.”
Al dejar este último spot, Tara se enrumba a  Mackay, en la costa australiana, para cumplir con los trámites de salida administrativa del país. Nos espera, luego, una navegación al este, hacia las islas Cherstefield y Nueva Caledonia.

Vincent Hilaire

31/08/2017

Heron island


Hemos llegado a Heron Island este 30 de agosto. Un confeti verde sobre un camaïeu de azules, a 2 horas de la costa este de Australia. Un centenar de personas habitan este islote de 16 hectáreas que alberga el Heron Island Research Station, de la Universidad de  Queensland, y sus 10 científicos.
 Con el alba viene la actividad en cubierta. Simon Rigal y Jonathan Lancelot terminan su turno. Simon  progresa con cautela en el acercamiento al islote, calculando donde anclar para facilitar la logística de los biólogos-buzos. François Aurat prepara el dron para filmar. El sol irradia una luz anaranjada, rasante sobre Heron que sale lentamente del horizonte.
¡Miren! François nos convoca con urgencia para observar la pantalla del monitor de control del dron. Contemplamos una ballena y su cría disfrutando de las aguas apacibles del paso entre Heron y el arrecife Wistari. Heron es conocida por ser una maternidad de estos mamíferos marinos.
Una vez fondeados y las velas arriadas, Jonathan retoma su papel de jefe de operaciones hiperbáricas, y se pone al servicio de los biólogos para su primera sumersión del día: muestreo de biodiversidad y recolección de peces lugareños. Jonathan efectúa una extracción de corazón de porites(Poritidae). Este coral grueso permite, al igual que un árbol, remontar en el pasado y así comprender la evolución climática debajo de la superficie.

Heron Island es un spot de biodiversidad excepcional, con  900 especies de peces y cerca de 72% de las especies coralinas presentes en el conjunto de la Gran Barrera.  Al salir del tercer episodio de blanqueamiento en el mundo, los corales de Heron parecen haber resistido mejor que gran parte de las colonias de la barrera australiana.

Hemos entrevistado el Pr. Ove Hoegh-Guldberg, de la Universidad de Queensland, un científico mundialmente reconocido por sus estudios sobre los corales.

Después de 3 años de estrés continuo por el alza de la temperatura de los océanos, se estima que 50% de los corales de la Gran Barrera de Coral (GBR) ha muerto. ¿Hemos entrado en una tendencia irreversible aquí?
“No hay más duda sobre el vínculo entre el calentamiento climático global y  el blanqueamiento del coral. Entramos en un período negro duradero para la vida de los arrecifes. Eso tenderá a seguir a un ritmo anual. Las otras causas de la destrucción de los arrecifes, son las tormentas, los ciclones. La suma de estos dos fenómenos es la causa de la destrucción masiva del coral.”

¿Que sabemos de la situación en Nueva Caledonia, el segundo arrecife más grande después de la GBR australiana? 
“Los impactos son parecidos en el suroeste del Pacífico, con un 50% de mortalidad. Australia y Francia son 2 superpoderes de los arrecifes coralinos. Nuestros 2 países deben unirse en la búsqueda de soluciones. Unirnos para que se aplique drásticamente el Acuerdo de Paris sobre el clima. La clave es controlar el aumento de temperaturas globales a 2ºC. Una resistencia de los arrecifes es posible, todo no es uniforme. Pero si no hacemos nada, ya no habrá arrecifes coralinos.
Con Tara Pacific, y el trabajo científico consiguiente, se constituirá el primer banco genómico de la GBR. Entenderemos mejor los procesos que norman la vida del coral.”

Vincent Hilaire

25/08/2017

Hacia la Gran Barrera de Coral


Este 25 de agosto, Tara se enrumba al noreste, saliendo de la bahía de Sídney con vientos de 25 nudos a favor. Los 7 científicos recién embarcados disfrutan de unas condiciones óptimas: sol y cielo azul. 

Nos dirigimos hacia Heron island, nuestro primer sitio de estudio, al sur de la Gran Barrera de coral. Dejamos con reconocimiento el apacible ambiente que hemos encontrado en la ciudad de Sídney.
Vamos al encuentro de uno de los hitos mayores de este segundo año de expedición Tara Pacific. “The Great Barrier Reef”, construida por un pólipo de unos centímetros de largo, es la más grande estructura coralina del planeta y se observa desde la estación espacial internacional.  

Seguiremos la costa sin verla: Newcastle, Macquarie, la Gold Coast y la isla Frazer. Los marineros izaron las velas. Andamos cómodos, a  siete nudos. El ritmo que impone el mar y la navegación se apodera tranquilamente de la tripulación. Hemos vuelto a organizar los primeros turnos. Cuatro delfines de gran tamaño vienen a inspeccionar la proa y a saludarnos con saltos espectaculares. Nos quedan 600 millas para llegar a Heron island.
Vincent Hilaire.




21/08/2017

Charlène Gicquel, con tenacidad


Algunas notas de acordeón brotan de la cabina delantera de Tara. Es un momento privado que Charlène Gicquel  saborea en particular. Esta capitán de marina mercante, de 32 años, esperaba con ansias sus primeras millas a bordo de la goleta. Desde hace 13 años.

Charlène, es tu primer contrato con Tara en calidad de jefe mecánico, ¿cómo te sientes?
“Un poco ansiosa porque no conozco totalmente el barco en operación, aunque haya participado en las obras de mantenimiento en Whangarei. Me gusta la idea de que Simon Rigal, habitualmente  jefe mecánico en las «Abeilles », este cerca. En estos primeros pasos, me permite contar con un respaldo experto en caso de avería, y así evitar meter la pata.

Me inclinaba por un puesto de oficial de cubierta. Pero me gustaría aportar mi contribución, a largo plazo, en máquinas de Tara. Eso requiere de tanta energía y compromiso al inicio, que resultaría  lógico seguir en esta función. El desafío es ahora en vivo. Mi objetivo es cumplir de la mejor manera este primer contrato.

Para llegar aquí, después de tantos años de espera, renuncié al  puesto de segundo capitán a bordo del velero “Ponant”. Porque desde que vi a Tara en Marsella, se había vuelto obsesivo  tener un lugar a bordo.

Nada me predestinaba a los oficios del mar, no hay antecedentes en mi familia. A los 12 años, como muchos adolescentes franceses, empiezo con mis primeros cursos de vela en Bretaña. Mi padre creció en Vannes, pero su familia no navegaba. A los 15 años, descubro el catamarán. Eso me llena de nuevas sensaciones. Al final de este curso, el instructor me dijo: “Si tú quieres, el año próximo, puedes regresar a trabajar conmigo como instructor adjunto”. Seguí  el caminoa hasta un diploma de instructor de vela a los 18 años. Embarqué luego para mis primeras navegaciones en alta mar.  Progresivamente, germinó la idea de que hacer mi vida con un oficio vinculado al mar podría ser bueno.

Yo pensaba más bien en la construcción naval, o la oceanografía. Una amiga me habló bien de la marina mercante.  Se dio un “click”. Me inscribí al concurso después del bachillerato. Funcionó. Me integré a “Hydro”, en Marsella, en 2003.
Un año más tarde, Tara hacía escala en Marsella. Postulé una primera vez, deseando embarcar algún día.

Durante eso años de marina mercante a bordo de  portacontenedores y de tankers, ¿sigues postulando para embarcar en Tara, en particular para la deriva ártica?
Tara era una obsesión. Yo laboraba en buques de comercio, pero seguía buscando otra cosa. Un día, Simon me habló de los barcos del Padre Jaouen, el “Bel Espoir” y el “Rara Avis”. Embarcar en ellos ha cambiado mi vida. Es así que quería vivir mi oficio. Esas vivencias me abrieron horizontes alucinantes.
Los tripulantes de esos barcos tenían experiencias muy diversas. Todos iniciábamos desde cero. Eso permitía que todo el mundo se enriqueciera  y progresara. Era muy estimulante.

Después de este año 2006-2007 genial, recibí propuestas de navegación en medio polar, en Noruega y Spitzberg.  Conseguí un contrato de voluntaria civil de cooperación técnica para pasar una invernada en la base Dumont d’Urville, Antártica, en 2009, en calidad de segundo mecánico.

Al regresar de Antártica, embarqué en el “Belem” (2010) para dos temporadas completas.  También terminé mi 5to. año de marina mercante. Postulé para Tara Océans, pero no había espacio para mí. Luego entendí que con mis diplomas y mi experiencia, ya sería posible.

Embarqué más tarde en el “Ponant”, antes de un año completo a bordo de “Hermione”. En la primavera de 2017, Simon me avisó de que Tara Expéditions buscaba un jefe mecánico. Y aquí estoy.

Entrevista por Vincent Hilaire.